Discurso del Presidente JCE, Dr. Julio César Castaños Guzmán, en el Acto de Conmemoración 75 aniversario de la Ciudadanía y del Derecho al Voto de las Mujeres en República Dominicana

Discurso del Presidente JCE, Dr. Julio César Castaños Guzmán, en el Acto de Conmemoración 75 aniversario de la Ciudadanía y del Derecho al Voto de las Mujeres en República Dominicana

Publicado por: Laura M. Castellanos/Tuesday, March 7, 2017/Categorías: Presidencia JCE, Discursos, Comisión de Políticas de Igualdad de Género, Dirección de Comunicaciones

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Señoras y señores: 

 

    Al pronunciar la palabra mujer, lo primero que llega a nuestra mente es la vida, el trabajo, la laboriosidad, el tesón, la entrega, la abnegación, el amor en todas sus manifestaciones.

 

    Hoy estamos aquí reunidos para celebrar y exaltar el “75º Aniversario de la Ciudadanía y del Derecho al Voto de las Mujeres en la República Dominicana” dentro del marco de la conmemoración del “Día Internacional de la Mujer”, que muchos dicen debería celebrarse a diario; sin embargo, la cotidianidad y los afanes propios de la vida le robarían luz, por lo que es bueno que se le dedique un día especial, y por eso estamos aquí hoy.

 

    Al hablar del Día Internacional de la Mujer siempre habrá que hacer mención del papel histórico destacado de insignes mujeres que nos enorgullecen por su gesto valiente y decidido.

 

    De nuestra raza taína autóctona: Anacaona. Mujer de gran belleza, inteligencia y gracia, esposa de Caonabo, cacique de Maguana, hermana del cacique de Jaragua, quizás el ejemplo más insigne de abuso contra la mujer en estas tierras americanas. Fue considerada la poetisa más famosa entre los indios. Su nombre significaba en lengua aborigen “Flor de Oro”.

 

    A la muerte de su hermano Bohechío, quedó gobernando el cacicazgo de Jaragua. El gobernador Nicolás de Ovando, como relata la historia, les anunció “una visita pacífica”, visita que se convirtió en una masacre alevosa y taimada de los indios y caciques que asistieron a la fiesta de recibimiento. Anacaona fue amarrada, vejada y más luego ahorcada en lo que se conoce como “la matanza de Jaragua”.

 

    De nuestra vida republicana, Manuela Diez, la madre de Juan Pablo Duarte, el prócer de nuestra independencia, sacrificó todos sus bienes por la causa de nuestra liberación, fue deportada por un decreto del general Pedro Santana, en el caso increíble de la deportación de una madre con todos sus hijos, por razones políticas.

 

    La batalla del 30 de Marzo del 1844, la gran Batalla de Santiago de los Caballeros, que consolida la Independencia Nacional, nunca se hubiese ganado si Juana Saltitopa no trae el agua del río Yaque para enfriar los cañones republicanos que desde los fuertes Dios, Patria y Libertad lanzaron la metralla independentista.

 

    La bandera dominicana nunca se hubiese enarbolado sin las manos prodigiosas de Concepción Bona. Pero, ¿quién puede negar que del pecho destrozado por el fusilamiento de María Trinidad Sánchez naciera la República Dominicana?

 

    Deseo mencionar a doña Remigia, la madre del presidente Ramón Cáceres, matrona de Estancia Nueva, Moca, conocida por su valor y arrojo, y por animar a su hijo “Mon” Cáceres, para que enfrentara al tirano Ulises Heureaux, a finales del siglo XIX.

 

    La señorita Ercilia Pepín Estrella, maestra santiaguera emblemática desde los 14 años, patriota, defensora de los derechos de la mujer, símbolo nacionalista contra la ocupación militar norteamericana del 1916-1924. Internacionalista, que apoyó la lucha de Sandino en Nicaragua, enviándole una bandera de esa nación bordada por sus alumnas.

 

    Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, las hermanas Mirabal, las tres heroínas y mártires de Ojo de Agua, Salcedo, contra la tiranía trujillista. Y todas las viudas del 30 de Mayo.

 

    Aquí tampoco se puede hablar de una patria agraria sin Mamá Tingó, la líder campesina dominicana, inmortalizada en los conceptos del agrarismo.

 

    Este hito histórico que celebramos hoy,  como lo es el “75 Aniversario de la Ciudadanía y del Derecho al Voto de las Mujeres en la República Dominicana”, está revestido de gran relevancia y trascendencia, ya que implicó el reconocimiento por parte del Estado, de los derechos fundamentales de la mujer, impulsado por  maestras intelectuales, académicas, artistas y civilistas, quienes encaminaron los esfuerzos necesarios para la consecución de este propósito de reivindicación, reconocimiento y conquista de los derechos de la mujer dominicana.

 

   Conocidas como Las Sufragistas, entre quienes podemos destacar a Abigaíl Mejía, Delia Weber, Celeste Woss y Gil, Carmen González de Peynado, Ercilia Pepín, Isabel Amechezurra Vda. Pellerano, Milady Félix Miranda, María Patín Pichardo, Amada Nivar de Pittaluga, Consuelo Montalvo de Frías, entre otras; estas mujeres que llevaron a cabo esta lucha se agruparon en dos paradigmáticas asociaciones; la primera de estas fundada en el año 1927, y reconocida como El Club Nosotras, que empezó sus actividades como un “círculo de estudio apolítico”, pero en el fondo con una praxis mediática, que impulsó el avance cultural, liderazgo y empoderamiento de la mujer.

 

    La segunda de estas asociaciones fue la Acción Feminista Dominicana (AFD) que, luego de contribuir con la alfabetización de las dominicanas adultas residentes en la ciudad, los barrios y los campos, organizaron el “Voto de Ensayo” para que  participaran en las elecciones generales de mayo de ese año, solo para expresar su opinión en torno a la modificación de la Constitución de 1934, que impedía el derecho al voto de la mujer, hasta que en el año de 1942 queda consagrado el derecho al voto de la mujer, momento destacado en el reconocimiento como  sujeto de derechos fundamentales.

 

    La Organización de la Naciones Unidas (ONU) firma en 1945 el primer acuerdo internacional para afirmar el principio de igualdad entre mujeres y hombres dice que: “El Día Internacional de la Mujer se refiere a las mujeres corrientes como artífices de la historia y hunde sus raíces en la lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre”.

 

    Nuestra Constitución de 2010 establece en el art 39 párrafos, numeral 4 y 5 lo siguiente:   4) “La mujer y el hombre son iguales ante la ley. Se prohíbe cualquier acto que tenga como objetivo o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio en condiciones de igualdad de 1os derechos fundamentales de mujeres y hombres. 5) Se promoverán las medidas necesarias para garantizar la erradicación de las desigualdades y la discriminación de género; 5) El Estado debe promover y garantizar la participaci6n equilibrada de mujeres y hombres en las candidaturas a 1os cargos de elección popular para las instancias de dirección y decisión en el ámbito público, en la administración de justicia y en los organismos de control del Estado”.

 

    Deseo destacar además, el papel desempeñado en le democracia contemporánea por las doctoras Milagros Ortiz Bosch y Margarita Cedeño de Fernández, ambas vicepresidentas más que excelsas y con notables condiciones para ocupar titularmente la primera magistratura del Estado.

 

    Al mismo tiempo quiero hacerme eco del papel desempeñado por las primeras damas: Carmen Quidiello de Bosch, Rene Klang de Guzmán, Elisa Villanueva de Majluta,  Asela Mera de Jorge,  Rosa de Mejía y Cándida Montilla de Medina, doña Candy, todas de corazón generoso preocupadas por la suerte de los desposeídos de este país.

 

    Concluyendo, deseo expresar que el mundo de hoy plantea para todas las personas sin distinción de género, el desafío de la educación y del conocimiento. La solución a nuestros problemas viene dada actualmente  por el esfuerzo eficaz que se apoya en la división del trabajo por la revolución tecnológica y el dominio de la ciencia.

 

    La participación en la política, por la especialización del trabajo y las condiciones de liderazgo, viene determinada por nuestras capacidades y talentos. Por aplicación de las condiciones objetivas, el dominio del conocimiento determinará el espacio que nos corresponde en la sociedad.

 

    La etapa de la fuerza bruta terminó. La revolución industrial fue superada, los brazos han sido sustituidos por la robótica. Ahora son trabajadoras y trabajadores del conocimiento que se desenvuelven en un mundo globalizado y virtual, donde la imagen de las personas y los perfiles corren a través de las redes sociales.

 

    La política como actividad para redimir los problemas de distribución de la riqueza y el orden social, no se circunscribe a las habilidades de la fuerza y la pericia militar; más que nunca es ingenio y organización.

 

    Aspiramos a que en una  mutua colaboración, naturalmente asociativa, mujeres y hombres en condiciones de plena igualdad y bajo el respeto de las aptitudes y las capacidades de cada uno participen en la vida social a un mismo nivel.

 

    Finalmente, para terminar estas palabras, permítanme compartir con ustedes un fragmento de un dato trascendental de la historia de la cristiandad:

 

    Trátase de la reseña que traen los Evangelios de cómo María Magdalena, una mujer, es la primera que se encuentra con Jesús Resucitado, privilegio este que ya muchos hombres quisieran haber tenido. Si reflexionamos ante esta escena, que incluye un diálogo en el que Jesús mismo le encomienda a ella una misión y sale presta a cumplirla, podemos concluir que la Magdalena se ganó ese lugar. Ella se levantó de mañana, preparó los ungüentos y se puso en camino para llegar a cumplir con el deber de ungir, dignamente, el cuerpo masacrado de Aquél a quien injustamente habían condenado por supuesta sedición.

 

    El sentido del deber de esta mujer, su firme convicción y su disposición al servicio, le dieron el impulso para estar en el lugar correcto, en el momento correcto… y recibió su premio.

 

    ¡Mujer dominicana y del mundo, retén la corona de gloria que la patria te ha otorgado desde sus inicios por tu heroica participación en los reclamos de justicia y libertad!

 

    ¡Ponte en pie y toma el camino, que cada día amanece sobre ti la luz de la esperanza, la que te hace ser cumplidora excelsa del deber, forjadora de familias, promotora de las naciones libres! 

 

¡Mujer, ponte en pie, que hoy más que nunca  la Patria necesita de ti!

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