JCE deposita Ofrenda Floral en el Altar de la Patria por 92 Aniversario de la institución

JCE deposita Ofrenda Floral en el Altar de la Patria por 92 Aniversario de la institución

Palabras Rosario Márquez en Ofrenda Floral en el Altar de la Patria.

Publicado por: Daniel Joseph/Sunday, April 12, 2015/Categorías: Discursos, Dirección de Comunicaciones

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Señoras y señores:

Un acontecimiento histórico, nos convoca por nueva vez, al lugar que en nuestra mente y corazón, representa lo más puro y excelso de la dominicanidad: el Altar de la Patria, donde reposan los retos de nuestros padres fundadores.

Nos referimos al 12 de abril de 1923, momento en que se instituyó la Junta Central Electoral, como órgano del Estado encargado de arbitrar los procesos electorales de una República que no terminaba de reponerse de las convulsiones y sobresaltos que producían las incesantes luchas de caudillos y los cambios de gobiernos, que tanto afectó la nación, desde su nacimiento.

La Junta Central Electoral nace de la necesidad de crear una instancia que garantizara la organización de las competencias políticas, de la lucha por el Poder, entre los dominicanos, una vez las tropas interventoras desocuparan nuestro territorio.

Este suceso se produce en una etapa muy difusa, donde aún estaba pendiente la creación, o por lo menos el desarrollo y fortalecimiento, de algunas entidades e instituciones vitales para el normal desenvolviendo de una República democrática.

En toda América se produjeron sucesivas interrupciones de mandatos constitucionales. Era la época de gobiernos totalitarios y dictatoriales. Nosotros también entramos en la era en que las libertades públicas fueron conculcadas, y surgió el régimen de Rafael Leónidas Trujillo Molina, durante 30 largos años, con sus secuelas de restricción de derechos, de control y crimen, en franca negación de los principios primigenios y valores democráticos que inspiraron a los Trinitarios.

Las luchas de valiosos hombres y valiosas mujeres, que enarbolaron la bandera de los Trinitarios, ofrendando su sangre y sus vidas, para liberar a nuestro pueblo de la tiranía, creando las condiciones para superar ese estado de oprobio; pese a esto, la dictadura utilizó la mascarada de elecciones libres, haciéndose presentar como una más de las democracias del continente.

Debido a la ausencia de institucionalidad, luego de la caída del régimen dictatorial, se produjo una inestabilidad e ingobernabilidad tal, que el país fue testigo de hechos tan insólitos, como gobierno de tres días de duración, golpes de Estado, y una elección verdaderamente libre, que dio lugar a la instalación del gobierno democrático del profesor Juan Bosch, el cual, a poco tiempo de realizarse el certamen, también fue interrumpido, con sus secuelas de golpes y contragolpes.

Y como si fuera poco, la frecuencia electoral fue afectada por la presencia en nuestro suelo de tropas extranjeras, que respaldaron a dominicanos ambiciosos, aferrados al Poder, aunque fuera en la punta del fusil de tropas invasoras. Todo este lapso concluyó con el reinicio de las elecciones de gobernantes por la vía electoral, en 1966, en elecciones catalogadas como libres por la comunidad internacional, pero supervisadas por las tropas de ocupación.

La guerra patria llevó a los patriotas dominicanos a vivir una de las etapas más nobles y gloriosas de la lucha de los pueblos americanos por su libertad, que se puede sintetizar con esta frase del apóstol cubano, José Martí: “la libertad es algo que cuesta muy caro, y es preciso comprarla a su precio o resignarse a vivir sin ella”. Los héroes y mártires de abril de 1965 se resistieron a vivir sin libertad, y pagaron el precio de luchar por ella, como lo hicieron nuestros padres fundadores, ante quienes acudimos en esta mañana.

Como se puede comprobar, en todos los momentos difíciles de la vida nacional, la Junta Central Electoral ha estado presente, como testigo y actor de cada uno de los hechos importantes; y ha resultado afectada, en una u otra forma, por falta de confianza, en ocasiones caracterizada por una imagen cuestionada, transmitida a los resultados de los procesos que organizaba, trayendo como consecuencia, la ilegitimidad de origen que afectó a muchas dignidades electas.

Lo demás es historia contemporánea. De ella aprendimos que la organización de cualquier proceso comicial ameritaba la supervisión directa de organismos internacionales y entidades criollas, como única garantía de darle ciertos niveles de credibilidad, y evitar momentos de incertidumbre.

Nuestra institución era percibida, en el plano local e internacional, como incapaz de asumir por sí sola las responsabilidades puestas a su cargo. En el presente, hemos avanzado bastante, en la superación de las debilidades institucionales citadas. Hoy, ante ustedes, podemos decir que hemos logrado transformar a la Junta Central Electoral, en una de las instituciones de mayor confianza y credibilidad del Estado dominicano, con gran prestigio internacional, reconocido por todos.

Precisamente, por esta razón, en los certámenes más recientes, instituciones como el Centro Carter, famoso en nuestro país por su permanente presencia en procesos electorales, nos notificó que República Dominicana ya no es motivo de su preocupación, que prefiere dedicar sus recursos en la supervisión de elecciones en otras partes del mundo, por considerar que ya no necesitamos de este tipo de “cooperación”. Igual posición han externado otras entidades, algunas europeas, que consideran a la democracia dominicana y la Junta Central Electoral maduras y con fortaleza para producir procesos que reúnan las condiciones esenciales de la democracia electoral; por lo que no ameritan de tutelas especializadas para cumplir con su trabajo de organizar elecciones limpias, transparentes y confiables. Más bien, lo que se produce es un acompañamiento, sin afectar la soberanía, en el interés de contribuir con el perfeccionamiento del sistema.

En esta mañana dominical comparecemos a este punto especial de nuestra geografía, para rendir tributo a los Padres de la Patria, Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella y Francisco del Rosario Sánchez, y a todos los hombres y mujeres que se han entregado en la construcción de un Estado social, democrático y de derecho; resaltamos estos logros, porque los mismos, de una u otra forma, constituyen aportes importantes para el fortalecimiento y engrandecimiento de su República Dominicana, nuestra República Dominicana, lo cual debe ser el sueño y objetivo más preciado para todo buen dominicano.

Al concluir nuestras palabras, en este tributo merecido, reiteramos el compromiso de preservar la esencia de la dominicanidad, la identidad nacional, con la seguridad de que en nuestras manos ésta no será extinguida, no desaparecerá de la faz de la tierra, la nación que soñaron seguirá siendo parte del imaginario y la realidad de la constelación de naciones democráticas del mundo. Garantizamos que la parte que nos corresponde como administradores y custodios de la identidad nacional, la seguiremos ejerciendo con dignidad y firmeza, sin importar las presiones que sobrevengan, cómo diría Duarte, “… sin olvidarse para con los extraños, a quienes también se les debe justicia, de los deberes que impone la filantropía”.

Pueden descansar en paz!

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